13 oct. 2011

Actividad Cultural por el día de la Soberanía Alimentaria y por la semana de acción global contra la deuda externa y las IFIs


16 de OCTUBRE
DIA DE LA SOBERANÍA ALIMENTARIA.

8 al 16 de OCTUBRE
Semana de Acción Global Contra la Deuda Externa y
las Instituciones Financieras Internacionales.

Intervención político – cultural en la Feria de Bv. Oroño y el Río (Rosario, Argentina).
El domingo 16/10 desde las 15 hs. Radio Abierta, música en vivo, actividades culturales.

¡¡¡BASTA DE SAQUEO Y CONTAMINACIÓN!!!
¡¡¡NO AL PAGO DE LA DEUDA EXTERNA!!!
¡¡¡ DEFENDAMOS NUESTROS BIENES COMUNES!!!

Espacio por la Biodiversidad de Rosario.
Semillas de Rebelión, Conciencia Solidaria, ATTAC CDTM (Rosario), Casa de la Memoria, El Grito de la Tierra, Socialismo Libertario y Frente Popular Darío Santillán en la COMPA.

16 de Octubre – DÍA MUNDIAL DE LA SOBERANÍA ALIMENTARIA
En el marco de la Semana de acción global contra la deuda externa y las instituciones financieras internacionales – 8 al 16 de Octubre.

¿QUÉ ES LA SOBERANÍA ALIMENTARIA?
Significa tener la capacidad de elegir autónomamente, como pueblos, nuestros alimentos, nuestras formas de producción y distribución, de una manera sustentable para con los bienes comunes de la naturaleza, y respetuosa de los pueblos y sus prácticas sociales y culturales.

PERO ACTUALMENTE… ¿QUIÉN DECIDE SOBRE NUESTRA PRODUCCIÓN Y DISTRIBUCIÓN?
La posibilidad de garantizar alimentos sanos y accesibles para tod@s se ve impedida por el capitalismo a nivel global que ha diseñado un entorno institucional supraestatal (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Naciones Unidas, Tratados de Libre Comercio, MERCOSUR, IIRSA, etc.), acorde con sus necesidades de acumulación y beneficio. En este contexto, la prioridad del Estado pasa por garantizar altas tasas de ganancias de las empresas, a través de políticas públicas que, en el caso de Argentina (como de nuestros vecinos latinoamericanos) nos condenan a ser meros productores de materias primas destinadas a la exportación.

¿SOMOS DEUDORES O ACREEDORES?
Los procesos de endeudamiento en que los gobiernos de los países del sur han comprometido nuestros recursos nacionales muestran su complicidad con las Instituciones Financieras Internacionales. Los efectos de estos endeudamientos siempre han recaído en los excluid@s del sistema; han sido a quienes se les ha recortado el presupuesto en salud, educación, vivienda, y más servicios sociales, a quienes se les ha despojado de sus recursos de producción; además de la extracción indiscriminada de los bienes comunes.
Frente a esto, continuamos denunciando y luchando contra las deudas ilegales, ilegítimas e inmorales mediante las cuales nos vienen hambreando, saqueando y explotando históricamente.

Ante esta situación ¡nos declaramos acreedores de la deuda alimentaria y ecológica!


¡NO A LOS AGRONEGOCIOS!
¡SÍ A LA AGRICULTURA FAMILIAR!
¡SÍ A LA PRODUCCIÓN AGROECOLÓGICA!
POR LA SOBERANÍA ALIMENTARIA
¡BASTA DE SAQUEO Y CONTAMINACIÓN!
¡NO AL PAGO DE LA DEUDA EXTERNA!
¡DEFENDAMOS NUESTROS BIENES COMUNES!

9 oct. 2011

¡Qué Peña...! ¡Qué no es lo mismo que pequeña!


Documento Hambre Soja: II Encuentro por la Soberanía Alimentaria y la Biodiversidad


ROSARIO, CAPITAL DEL HAMBRE-SOJA 2011

Durante el 14, 15 y 16 de Septiembre de 2011 un conjunto de organizaciones sociales, políticas y culturales de la región decidimos convocar y encontrarnos, para debatir y proponer alternativas al actual modelo de producción y consumo, en el II Encuentro Hambre Soja – Por la Soberanía Alimentaria y la Biodiversidad.

Al mismo tiempo, en la Bolsa de Comercio de Rosario, corporaciones transnacionales (CTN) y nacionales de la agroindustria, representantes del Estado Nacional, Provincial y Local, junto a miembros de gobiernos de la región y de Asia, realizaron un mega – evento corporativo autodenominado “Mercosoja 2011, 5to Congreso de la Soja del MERCOSUR”. Los promotores y ganadores del actual modelo de producción y consumo esgrimieron sus argumentos entorno al “progreso”, el “desarrollo” y el “crecimiento”, conceptos que esquivan toda mención a sus inmediatos beneficiarios y las consecuencias directas sobre la vida de los Pueblos, sobre la Naturaleza, y sobre la producción agroalimentaria.


En ese marco, y luego de tres jornadas de debate, concluimos que:

En los últimos años, en nuestro país (como en muchos países periféricos) el aumento exponencial de la actividad agrícola se ha instalado como un nuevo paradigma productivo (extractivista-exportador): el modelo agrario, de agricultura industrial, basado en la extracción de los recursos naturales y en el monocultivo de la soja (sobre todo en nuestra región). Esto es posible, entre otras cosas, gracias a la utilización de semillas transgénicas, cantidades descomunales de agrotóxicos, maquinaria pesada y la ampliación de las fronteras agrícolas hacia áreas marginales, mediante la deforestación y el aniquilamiento de los bosques nativos.

En nuestra región, el Estado, lejos de expresar una ruptura con la lógica nacional, puja por ser la vanguardia de este proyecto de carácter regresivo priorizando, siempre, las altas tasas de ganancia. Ésta coincidencia, para nada casual, se refleja en la coordinada política de llevar adelante el IIRSA (Iniciativa de Integración de las Infraestructura Regional Suramericana). Esta iniciativa política se hace carne en la realización de la Hidrovía Paraná – Paraguay (incluida en el presupuesto nacional 2012), el Plan Circunvalar, etc.

Por otro lado, los impactos ambientales, y sociales (aumento de casos de cáncer, disrupción endróquina, neumonías, alergias, accidentes laborales, perdidas de embarazos, malformaciones, impermeabilización de las tierras, desaparición de humedales, y más concentración y extranjerización de las riquezas), que genera la profundización de este modelo extractivista, se sostiene bajo una superestructura política, jurídica y comunicativa. En este caso, los beneficiarios e impulsores de este modelo no solo son las empresas transnacionales y nacionales de la agroindustria. El actual sistema de dominación ha generado un andamiaje político – cultural que excede el ámbito empresarial y gubernamental. Podemos hacer referencia a instituciones educativas públicas y privadas (por ejemplo la Universidad Nacional de Rosario auspicio el Mercosoja 2011), medios de comunicación y expresiones sociales y políticas (no necesariamente gubernamentales). Estos actores, a cambio de generar una opinión pública favorable al modelo hegemónico, generalmente, reciben jugosos beneficios de la renta del agronegocio.

Es por todo esto que nos organizamos y denunciamos:

-          Al actual modelo agro-exportador – extractivista, depredador del medio ambiente  y la Vida.
-          Testimoniando,  que nuestra ciudad es una nítida fotografía de este modelo. Ya que sobre la ribera de Río Paraná, gracias a la Ley de actividades portuarias (93), se encuentran instaladas 10 corporaciones transnacionales  y nacionales del agronegocio, las grandes ganadoras del “Modelo”: CARGILL / BUNGE / DREYFUS / MOLINOS RIO DE LA PLATA / ACEITERA GENERAL DEHEZA / VICENTIN / ACA / NIDERA / NOBLE / ALFREDO TOEPFER INTERNACIONAL, más el puerto privado de MINERA ALUMBRERA.
-          Empresas que, a pesar de sus abultadas ganancias, no pagan ingresos brutos por un decreto vigente de la década del ´90.
-          A cuyos puertos, privados, llegan 1,8 millones de camiones al año, con una carga de agua, nutrientes y energía que salen en forma de granos de soja, aceite o agrocombustibles.
-          Que el actual modelo del capital es el que transgrede a la tierra; desplaza la ganadería, expulsa comunidades; genera pobreza, desocupación, y hambre para nuestros pueblos.
-          Que las fumigaciones con agrotóxicos, particularmente con Glifosato; continúan enfermando y matando a la población (lo que se convierte en un genocidio silencioso).
-          Que las autoridades que tienen que regular y controlar que no se fumigue sobre las casas, escuelas, y reservorios de agua; no lo hacen. Por lo que la situación de las poblaciones rurales, es muy difícil en el resistir cotidiano.
-          Se denunció que este modelo del agronegocio necesita:
-          a) la producción a gran escala de “monocultivos”, con el consiguiente corrimiento de la frontera agrícola y la expulsión de campesinos/as y pueblos originarios que poblarán los cinturones de pobreza de las grandes ciudades.
-          b) el uso del “paquete tecnológico”: semillas / fertilizantes /siembra directa/ agrotóxicos/ nuevas maquinarias y equipamiento tecnológico/

NUEVOS DEBATES:

El avance del actual modelo de los agronegocios nos impone nuevos debates y nuevas miradas.
Sobre todo en estos momentos en que se presentan proyectos y programas como el expuesto en el marco del PEA  (Plan Estratégico, Agroalimentario y Agroindustrial), que fijará los rumbos de las políticas para la sociedad en su conjunto para los años venideros y, que para nosotros/as significa continuar con una agricultura sin agricultores.
La propuesta es alcanzar una producción de 160 millones de toneladas de granos en 10 años. La postura del Ministro de Economía y del gobierno nacional es que “dadas las actuales condiciones de mercado y la incorporación de tecnología, no será difícil alcanzar esta metas”. Lo que da cuenta, claramente, de que hay una continuidad y profundización del modelo agroindustrial que se viene gestando desde la década neoliberal.

En el marco del G20 Julián Domínguez, Ministro de Agricultura, plantea que, para “estabilizar los precios de los commodities es preciso aumentar la producción” apostando, ciegamente, al “crecimiento infinito” y al culto a las tecnologías.

En relación a la propuesta de “industrializar la ruralidad” expresado por Estado Nacional, es imperioso poner en debate este concepto que conlleva  transformar el campo en algo parecido a una fábrica. Continuando y profundizando  una inserción en el mercado global capitalista como proveedores de materias primas y alimentos. Ese es el rol que nos toca en la división internacional del trabajo, papel que nos asigna el poder mundial con el beneplácito de nuestros gobernantes.

Cuestionamos la desnaturalización de principios como el de Soberanía Alimentaría (Vía Campesina ´96)  y como se lo disfraza y altera. En el PEA  se habla de “Soberanía y seguridad alimentaria”, vaciando el contenido del primer concepto. ¿Dónde están las propuestas presentes en el principio de Soberanía Alimentaria que determinen qué, cómo y para quién destinar nuestra tierra, agua y demás bienes comunes? La respuesta, tal vez, es posible encontrarla en las 10 millones de has que se proponen sumar a los actuales monocultivos de exportación.


PROPUESTAS Y ALTERNATIVAS  DEBATIDAS:

-         Se comunicó públicamente, los estudios científicos y académicos que comprueban los impactos de las fumigaciones sobre la salud; cómo pérdida de fertilidad (masculina y femenina), trastornos en la lactancia, abortos espontáneos, disrupción de glándulas tiroideas, proliferación de casos de cáncer, etc.

-          Buscar políticas públicas orientadas hacia el desarrollo de zonas rurales que incluya la vida en la misma. Estímulo a las producciones regionales que alimentan el mercado interno. DIVERSIFICACIÓN
-          Repoblamiento de los territorios.
-          Se hizo un análisis crítico de la “Ley de protección al dominio nacional sobre la propiedad, posesión o tenencia de las tierras rurales”. Se analizó que, a pesar de esta Ley  las tierras pueden seguir en poder de los “grandes capitales”,  que es necesario  considerar el uso de la tierra, la producción, la vida sobre ellas, su manejo y el control. Se analizó el tema de los arrendamientos, de los  acuerdos como el firmado por el Gobernador de Río Negro con una empresa  China que “alquila” 330.000 has por 50 años para la producción de alimentos para ese país, con la consiguiente pérdida de soberanía.  El rol de los  pooles de siembra. Discutir sobre el poder y control de las tierras debe ser una cuestión de toda la sociedad. Eso es democracia.
-          Considerar a la tierra desde su “función social”.
-          Defender la biodiversidad, frente a la homogeneización de los paisajes y territorios.
-          Pensar estrategias frente a la mercantilización del territorio y de los alimentos
-          Ley de arrendamiento / ley de ordenamiento territorial
-          Ley contra los desalojos rurales
-          Recategorización de agroquímicos en SENASA. Cumplimiento de las ordenanzas que establecen distancias de fumigación y el establecimiento de mecanismos de control del uso de agroquímicos.
-          Refundación Juntas Nacional de Carnes y de Granos
-          Defensa de la fuentes de agua / glaciares / ríos / lagos
-          Criterios de producción agroecológica / pequeños productores familiares
-          Cuidado del germoplasma, la diversidad genética y biológica y las semillas.
-          Contra la profundización de la Propiedad Intelectual.
-          Discusión de las formas de producción del conocimiento en  las Universidades haciendo eje en su función Social.
-          Aunar esfuerzos, desde la organización y la lucha política, para hacer frente al actual modelo de los agronegocios.
-          Rediscutir los conceptos de desarrollo, progreso, seguridad alimentaría, etc.
-          Avanzar hacia la consecución de la soberanía alimentaria, para garantizar la producción variada y diversificada de alimentos; en contraposición al actual modelo de producción agroindustrial, que solo produce para forrajes y agrocombustibles.



Estos fueron algunos de los ejes que se pusieron en discusión durante estos dos días de debate. Cuestionando  las estrategias productivas que, hoy,  se aplican en el país y  denunciando las consecuencias negativas que acarrean.  Y,  buscando reflexionar sobre las posibles alternativas que los excluidos y olvidados de este modelo podemos proponer en pos de la construcción de un modo de vida  ambiental y socialmente más justo, digno y sustentable para las mayorías del presente y del mañana.


4 oct. 2011

Respuesta a Gustavo Grobocopatel

Por Carla Poth

Especial para Área de Formación de la Juventud Rebelde

Algún gran pensador dijo por ahí que los grandes hechos históricos se repiten dos veces. La primera, como tragedia; y la siguiente, como farsa.


Si miramos el desarrollo de la historia argentina, la tragedia ocurrió hace mucho tiempo, unos 150 años atrás, cuando el exterminio y domesticación de los antiguos pobladores americanos fue el puntapié inicial para la ocupación y apropiación europea de nuestro territorio. Aquí, la primera ‘extranjerización’, donde vastas legiones de españoles, italianos y de otros rincones, se pararon sobre la sangre y las tierras de nuestros indios originarios, e “hicieron la América” que ellos deseaban construir.

Hoy, la farsa se produce con la consolidación de un modelo de producción agrario que requiere de la eliminación y domesticación de todo aquello que no signifique ganancia.

¿De qué modelo de producción estamos hablando? En la actualidad, se producen 33 millones de hectáreas, y alrededor de 100 millones de toneladas de granos para la exportación y alimentación de animales en Europa, China e India. El avance de esta producción ha significado la desaparición de más de 200 mil pequeños y medianos productores, lo que trajo aparejado que, al día de hoy, el 82% de los productores posean el 13% de la tierra, y que sólo el 4%, tenga el 65% de la misma. Sumado a esto, la frontera agrícola se ha expandido, destruyendo más de 2 millones de hectáreas de bosques nativos y, junto con la consecuente contaminación (del ambiente y la salud) producto del aumento en un 35% del uso de agroquímicos, se lleva adelante una de las más grandes masacres a la diversidad biológica y a los recursos naturales de nuestro país. A esto, hay que sumarle los cientos de pobladores que tienen que abandonar sus casas por la contaminación.

Y esta farsa, si bien tiene múltiples caras, aparece representada hoy por dos personajes entre burlescos y cínicos.

Por un lado, se encuentra el gobierno que, con el intento de aprobación del proyecto de extranjerización de tierras, se pretende el baluarte de la defensa del pequeño y mediano productor nacional. Sin embargo, una rápida mirada al proyecto nos denota un intento tan tibio, que congela. Porque si bien intenta limitar la adquisición de tierras a los extranjeros, no pretende revisar los contratos espurios y fraudulentos de apropiación de tierras adquiridos con anterioridad. ¿Cuál es la solución que esta ley brinda a la venta de territorios ocupados por poblaciones que luego son expulsadas, como ha ocurrido con las 900 mil hectáreas adquiridas por Benetton sobre tierras mapuches, o las 117 mil hectáreas compradas en Catamarca por una empresa norteamericana que intenta expulsar a 300 familias?¿Qué se debe hacer con las miles de hectáreas que han transformado a empresas transnacionales en dueños de los recursos naturales estratégicos de la Argentina, como el agua o la biodiversidad? ¿Cómo se resuelve la violenta intromisión de topadoras que reclaman la supuesta propiedad (a sabiendas, ilegal e ilegítima) sobre las tierras de campesinos, dueños veinteañales de las mismas?¿Dónde se debate el problema sobre el uso que en este modelo se hace de la tierra, o de la función social que esta debería tener en la producción de alimentos para todos?¿Qué hace con los cientos de pobladores rurales que acrecientan el cordón de miseria de las grandes ciudades, escapando de ser contaminados con la lluvia de agroquímicos que utiliza este modelo?

El otro personaje de esta farsa, no es más que Gustavo Grobocopatel, el llamado “Señor de la soja”, y sus declaraciones en contra de esta misma ley.

Los Grobos es hoy una de las principales exportadoras de trigo y soja de Argentina, una firma nacional que posee alrededor de 18 mil hectáreas propias y que, a través del arrendamiento, cultiva más de 150 mil. Además sus negocios han pasado las fronteras, produciendo granos en Bolivia, Paraguay, Brasil y Venezuela. Con la tan mentada “producción en red” defendida por su presidente, esta compañía es un gran motor de este modelo que se ocupa de expulsar aquello que atente contra el “progreso” y el “desarrollo” capitalista.

Y entonces, la farsa que ambos personajes sostienen, se ancla en una serie de falacias que para dar un debate serio sobre la cuestión de la producción agraria en Argentina es necesario desandar.

La primera falacia: que limitar la propiedad de la tierra en manos de extranjeros vendrá a resolver la problemática de la producción sustentable o del destino de los alimentos en nuestro país. Y aunque aquí pareciera que el señor de la soja se encuentra en lo cierto, cuando asevera que “limitar la propiedad a los extranjeros no incrementará ni tendrá efectos sobre el acceso a los alimentos”, debemos agregar un paréntesis. Porque si bien el acceso a los alimentos no tiene relación, en el modelo actual, con la propiedad de la tierra, tampoco es una cuestión plausible de ser resuelta con el control del flujo de alimentos producidos, que él mismo propone. Y esto es así, porque en la actualidad, en Argentina, sólo un mínimo de la producción está destinada al consumo de alimentos para la población. En cambio, el punto final de lo que se produce deriva en el alimento de animales más allá del océano (se exporta a China para forraje de chanchos), o en un número creciente, a la producción de energías, como los agrocombustibles.

La segunda falacia, no es más que la del cuidado de los recursos naturales. Y aquí Grobocopatel también alerta que esta ley no resuelve la cuestión. Y su propuesta, a su vez, se queda a mitad de camino. Porque, ¿de qué sirve promover contratos a largo plazo para el arrendamiento de las tierras, si en estos casos lo que no se problematiza, bajo ningún concepto, es la cuestión del uso que se hace de las mismas?.

La última de las falacias esta rodeada de misticismo. Y digo esto porque, si bien los datos reales derriban de manera permanente el supuesto de que “para tener seguridad alimentaria y progreso, el camino más corto, eficaz e inclusivo es aumentar la producción”, esta idea sigue vivita, coleando y consolidada. Me remito a una realidad concreta: al día de hoy, la indigencia en el mundo ha llegado a niveles nunca antes conocidos, al mismo tiempo que la producción agraria se ha incrementado en un 100% en 6 años. Además, los países insertos en el mercado mundial como principales productores agrícolas son los mismos que todavía sostienen los índices más altos de pobreza y dificultades en el acceso a la alimentación, a la educación y a la salud.

En esta historia de farsas y falacias, los perdedores parecen ser siempre los mismos. Mientras, los triunfadores, discuten y debaten como rapiñas, sobre qué porción de la torta les corresponde.
A este debate le faltan unas cuantas voces. Las de los despojados. Las de aquellos y aquellas que afirman que no son necesarias ni más agricultura basada en la homogenización y estadarización productiva, ni más industria extractiva y contaminante, ni más investigación, ni más inversión que posibilite seguir reproduciendo las dinámicas anteriores. Las de aquellos y aquellas que luchan por producir, conocer y construir espacios colectivos de inclusión, de prácticas amigables con el medio ambiente y de acceso real a la seguridad y la soberanía alimentaria.