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23 jun 2011

Los qom y la (nueva) decadencia de Occidente

por Eduardo Grüner *


de la edición del lunes 16 de mayo de 2011 - Página/12

1. ¿Cuántas historias hay en la Historia? Desde 1492, una sola: se ha naturalizado que la Historia –y ni siquiera toda ella, sino la de las clases dominantes– de la humanidad es la historia de una pequeñísima porción de ella (véase cuánta superficie ocupa Europa en el mapamundi), y la de una concepción, o una “filosofía”, de la historia, que es muy, pero muy reciente (no más de 500 años: para la historia total de la humanidad, como decir hace cinco minutos). Con una típica operación de fetichismo ideológico, esa pequeña parte se ha transformado en el sentido común del todo. En nuestras escuelas secundarias, por ejemplo, se sigue enseñando la “Edad Media” como uno de los grandes períodos de la Historia: los grandes terratenientes y la servidumbre de la gleba, los conflictos de la aristocracia feudal con la monarquía centralizadora, los de esta última con el papado, las cruzadas y las guerras de religión, etcétera. Todas cosas, evidentemente, que no pueden faltar en la formación de un adolescente. Ahora bien: ¿qué diantres puede querer decir todo esto para los bantú del Africa subsahariana, para los chipaya del altiplano boliviano, para los tunguses de la estepa siberiana? Es decir –si continuáramos la lista de todas las sociedades y culturas históricas que no han atravesado aquellos procesos–, de algo así como el 90 por ciento de la humanidad (incluyendo a una buena parte de Europa, especialmente oriental, cuyo “feudalismo” fue radicalmente distinto del de Inglaterra o Francia). En fin, que una pequeñísima porción de esa humanidad, como decíamos, ha logrado construir la “evidencia” de que su historia es la Historia sin más. Esto solía tener un nombre prestigioso, más o menos acuñado por Gramsci: “Hegemonía cultural”. Semejante hegemonía –que afecta nada menos que a toda nuestra mismísima idea de la historia en su conjunto– sólo pudo imponerse gracias a la conquista y la colonización multisecular, que “redondeó” al mundo “bajo la mirada de Occidente” (para citar un famoso título de Joseph Conrad). A esta altura, ya no hace falta seguir argumentando el carácter genocida de esa (bien llamada) “empresa”: un genocidio “objetivo” que es el más gigantesco que haya conocido la historia humana, causando el desastre no sólo de un continente, sino de dos, ya que tal “empresa” incluyó asimismo la catástrofe demográfica de buena parte de Africa mediante la esclavitud. Pero quizá sí sea necesario seguir argumentando las diversas formas en que ello implicó también un no menos gigantesco etnocidio o “culturicidio”. También fueron “colonizadas”, y en muchos casos directamente “desaparecidas”, las otras lógicas históricas, culturales, económicas, políticas, religiosas, artísticas o poéticas que esa diversidad casi infinita de sociedades representaban. Esa primera “globalización” empobreció la variedad civilizatoria con su unificación forzada bajo la lógica hegemónica y bajo el tiempo “homogéneo y vacío” (diría Walter Benjamin) de la expansión mundializada del capital. Como afirma, si bien refiriéndose a la destrucción del politeísmo, Sergio Bergallo, en un notable libro titulado La destrucción de los dioses: “Milenios de sabiduría, de caminos abiertos para el género humano, fueron literalmente sepultados”.

2. Entre esos “caminos abiertos” ahora sepultados estaba, por supuesto, el de los qom/tobas, así como el de cientos y cientos de esos pueblos que, en efecto, estaban ab origem (en el comienzo). Allí había, por ejemplo, mitologías y cosmogonías que no por no responder al logos hoy totalmente tecnificado de la ciencia moderna dejaban de bucear en el sentido de un universo enigmático. Pero también había –porque para ellos formaba parte de una totalidad compleja y diversa pero integral– formas de producción, de cooperación social, de organización política y económica sustantivamente democráticas que incluían un profundo respeto por la tierra y la naturaleza, y que eran desde ya estructuralmente incompatibles con el avance del capital agrario transnacionalizado, de la invasión sojera, de la minería contaminante, de la especulación territorial y financiera global. Tenían que ser sepultadas, y lo fueron. Se perdió así un “modelo”, entre tantos otros posibles, radicalmente alternativo a “lo que hay”. Un modelo que –como explicaba el heterodoxo antropólogo francés Pierre Clastres– no es el de una sociedad sin política, sino el de una sociedad contra la política entendida como el gerenciamiento represivo de los negocios de las clases dominantes; no una sociedad sin “excedente de producción”, sino contra el excedente de producción que implica la mercantilización de todo lo existente y el consumismo desenfrenado. Que se nos entienda bien. No se trata de hacer demagogia romántica, de alucinar un retorno a algún paraíso del “buen salvaje” (que bien puede ser la versión “progre” del etnocentrismo colonial). Pero sí de entender, mediante el “caso” qom, tomándolo como “analizador”, que en nuestro planeta puede haber otras cosas que el “modelo” capitalista/neodesarrollista, que podrá tener algunas ventajas respecto del neoliberalismo conservador más (él sí) “salvaje”, pero que no por eso deja de pertenecer a la misma lógica de destrucción de lo que no se someta a ella. Las comunidades qom –así como tantas otras, insistimos– han perdido la mayor parte de sus tierras, han sido dispersadas, “desterritorializadas” (como gustan decir los “pensadores” posmodernos, creyendo que eso es siempre algo bueno; y quizá lo sea... en París), sus miembros se han visto obligados a “ingresar” al mercado de superexplotación de la fuerza de trabajo. Por la puerta más chica, claro: en general, pasando a formar parte de la ocupación “informal” (una palabra repugnante por su frivolidad: como si se dijera que se visten “informalmente”), es decir fuera del mundo, que todavía está rayana en cerca del 40 por ciento de la fuerza de trabajo. Eso, en el mejor de los casos; en el peor, condenados al hambre, la miseria, la desesperación dentro del (in)mundo. Y, como se ha visto en los últimos meses, al asesinato sumario. Caídos en lo peor de todos los infiernos: tras el despojo, el racismo, y tras este desclasamiento, aún antes de haber entrado a su nueva “clase”, y finalmente la liquidación física. El punto de cruce perfecto entre la “historia” de medio milenio de genocidio y la “modernidad” de la explotación clasista más actual. Lo de los qom no es una anécdota o un conflicto coyuntural: es un símbolo universal.

3. En este diario, en los últimos días, se publicaron dos muy atendibles artículos sobre el problema qom, a cargo de Washington Uranga y de Mempo Giardinelli. Son atendibles, entre otras razones, porque sus autores se declaran simpatizantes, en muchos aspectos, del actual gobierno argentino. Sin embargo, no retroceden ante el imperativo de una dura crítica a las máximas autoridades de ese gobierno por su silencio ante las justísimas demandas qom. Es un rasgo de encomiable consecuencia, o, como se decía en otras épocas, de coraje cívico. Demuestra que un intelectual puede y debe ir más allá de sus adhesiones inmediatas cuando hay que poner el dedo en una llaga dolorosa. Pero me permito, muy humildemente, proponer que hundamos el dedo a fondo. Hasta el codo. Y me temo que entonces tendríamos que decir algo bien antipático y aguafiestas: con cualquier variante del actual “modelo” de acumulación capitalista mundial –y nuestro país sigue estando, con sus peculiaridades, allí, ¿o no?–, el problema qom no tiene solución de fondo posible. Se puede, y se debe, pelear para que las autoridades nacionales los reciban, los escuchen, les den, sí, la razón que ya tienen, les devuelvan sus tierras, lo que fuera. Tal vez, incluso, todo eso se consiga –aunque habrá que luchar muchísimo–. Pero en algún momento nos encontraremos con un paredón infranqueable: en lo inmediato, será con el sistema de alianzas políticas y económicas que esas autoridades no parecen muy dispuestas a romper, incluyendo a alguna gobernación que es por lo menos políticamente responsable de los despojos y las muertes; en lo más mediato, con aquel “modelo” de acumulación que lleva inscriptos constitutivamente estos agujeros negros (el de los qom es sólo uno) que está “por naturaleza” incapacitado para clausurar. La “mancha” qom sobre la 9 de Julio es un corte a los entusiasmos desmesurados y acríticos. Es así. Habrá que hacerse cargo, y extraer las consecuencias que cada cual crea pertinentes.

4. En todo caso, hay una de esas consecuencias que ya no se puede ocultar más: el Occidente capitalista del cual seguimos, con los matices que se quieran, formando parte –no se ha escuchado todavía que el “modelo” contemple la alternativa de lo que Samir Amin llamaba la “desconexión”– está entrando en estado de crisis terminal, como se puede leer todos los días en las noticias europeas o norteamericanas. El colapso económico –que aceleradamente, también todos los días, precipita en la pobreza a las masas más desprotegidas de los imperios– se combina siniestramente con la exacerbación del racismo, frecuentemente homicida, contra la inmigración proveniente de aquellas otras “historias” que esos imperios fagocitaron. Ellos tienen sus propios qom. Mientras tanto, las cosas realmente interesantes, la posibilidad de nuevos “caminos abiertos”, también se está gestando en ese “afuera” de las otras historias, aun con todas sus contradicciones, incertidumbres, brumosidades: en las rebeliones del mundo árabe (que también son, o pueden devenir, rebeliones contra ese Occidente capitalista que durante décadas sostuvo a los déspotas sobre sus barriles de petróleo), o en los esfuerzos latinoamericanos –ante todo de los pueblos, más que de los gobiernos– por interrogar críticamente todo lo que en las últimas décadas parecía no tener vuelta, y por recuperar la multiplicidad de sus historias plurales. Tal vez el camino, alguna vez “abierto”, del Occidente único amo de la Historia haya empezado también a sepultarse, esta vez por sus propias manos. Ojalá –porque no es cuestión de celebrar ningún desastre de manera unilateral e irresponsable– que de ese hundimiento podamos rescatar los caminos que siempre permanecerán abiertos si sabemos recorrerlos a nuestra propia manera: los de Homero, Shakespeare, Miguel Angel o Beethoven, por decir algo. Y de los qom.

* Sociólogo, profesor de Teoría Política (UBA).


Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-168236-2011-05-16.html

7 jun 2011

Semana de la Semilla

Cloc- Via Campesina

31.May.11 :: El Sakeo - Paraguay

Asunción, 30 de mayo de 2011

COMUNICADO

Debido a la inauguración de la “Semana de la Semilla”, que se realiza entre el 30 de mayo y el 1 de junio, en el predio del Ex Seminario Metropolitano, la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC) y La Vía Campesina Sudamérica, se dirigen a la opinión pública nacional e internacional para manifestar cuanto sigue:

La aprobación en Chile, días pasados, de la Ley de Obtentores de Semillas, a través de la cual se patentarán no solo las semillas, sino que afectará a todo tipo de vegetales, permitiendo, a la vez, ingresar al mercado los productos transgénicos, legitima el despojo a las comunidades campesinas e indígenas y violenta la soberanía alimentaria con un golpe fatal.

Consideramos esto como un grave atropello legislativo y un retroceso para nuestros países porque se traduce en una amenaza latente que puede alcanzar a toda la región, conocida mundialmente por su carácter agroexportador de materias primas y producción transgénica, que no reporta beneficio alguno para la población y solo perpetra crímenes continuos contra la biodiversidad.

Esta ley aprobada en el Congreso chileno favorece solamente a las corporaciones multinacionales como Monsanto y otras, que lucran con el patrimonio y la riqueza genética de los pueblos. Con la privatización de las semillas, se crean condiciones en el país andino para extender los cultivos transgénicos y el uso indiscriminado de agrotóxicos, con todos los efectos que esto entraña: más violación de derechos campesinos, más daño irreversible contra la Madre Tierra.

Esto es resultado de las discusiones que se desarrollan en el marco de la UPOV 91, la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales, organismo intergubernamental de la que Paraguay también forma parte desde 1997. Hoy es Chile; mañana, distraídamente, el Congreso paraguayo podría emular a sus colegas andinos en esta coyuntura desfavorable de confrontación de intereses.

La CLOC y La Vía Campesina declaran su lucha permanente contra los agrotóxicos y por la soberanía alimentaria, además de expresar su solidaridad plena con la lucha y la movilización de los campesinos y campesinas de Chile. Sería de lamentar que experiencias como la chilena, bajo un gobierno entreguista y neoliberal, se repliquen en nuestros países. De acuerdo a lo estipulado en la Declaración de Bali, somos víctimas de una guerra por el control de las semillas porque las empresas multinacionales se disponen a atacar deliberadamente a las poblaciones rurales.

Que en esta semana dedicada a nuestras semillas nativas y criollas no olvidemos que existe una propuesta elaborada por los movimientos campesinos e indígenas, el proyecto de ley de protección y defensa de semillas nativas y criollas del Paraguay, que será impulsada por el Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (Senave) en instancias del Congreso Nacional, bajo el riesgo de la indiferencia de quienes debieran anteponer los intereses colectivos a los individuales.

¡Las semillas campesinas son dignidad, cultura y vida!

¡Por la tierra y la soberanía de nuestros pueblos! ¡América lucha!

17 nov 2010

Boletín UNO de Semillas de Rebelión

Buscamos contribuir a una articulación y construcción común de la resistencia, partiendo de un apoyo militante a las luchas y experiencias de los pueblos que enfrentan aquí y allá el avance de los agronegocios. Impulsamos la construcción de un colectivo abierto a otras personas y organizaciones que busquen un espacio de debate, acción y resistencia contra el modelo de los agronegocios como expresión del capitalismo, que busca instalarse a costa de las vidas y esperanzas de los pueblos con el envenenamiento con agrotóxicos, con el patentamiento de los alimentos y con una “agricultura sin agricultores”, expulsándolos hacia el hacinamiento y la miseria en las grandes ciudades. Frente a esto, que no es más que un nuevo corolario en continuidad con una conquista que hace 500 años ancló en América Latina, queremos sembrar otras semillas, semillas de rebelión.

La lucha por las fumigaciones en Santa Fe

Una de las aristas más visibles de la perversidad del modelo de agronegocios es la relacionada con las fumigaciones y sus terribles consecuencias en la salud.

Cáncer, alergias, malformaciones en recién nacidos y abortos espontáneos, problemas respiratorios; son algunos de los problemas cotidianos de aquellos que viven en zonas aledañas a los campos donde se fumiga. Y esto no ocurre exclusivamente en zonas rurales. En la ciudad de Rosario, las y los vecinos del barrio Hostal del Sol padecen las consecuencias de los agrotóxicos por vivir en las inmediaciones del aeropuerto. Pero ¿Qué tiene que ver el aeropuerto con esto? Parte de sus terrenos son alquilados para sembrar soja y así financiar las pérdidas que éste produce. Entonces vemos como el monocultivo soja transgénica, por las altas ganancias que genera, se utiliza cada vez en más lugares, como una especie de comodín. Un comodín bastante peligroso por cierto.

Así como vemos la urgencia de frenar las fumigaciones que nos enferman y contaminan nuestro aire, agua y suelo, consideramos que el desafío está en cambiar este modelo productivo de agronegocios y sojización, que lejos de generar “progreso” para la sociedad, explota nuestros bienes comunes y arrasa con la biodiversidad, provoca miseria y exclusión mientras fomenta la concentración de la riqueza, nos empobrece culturalmente ya que destruye la ancestral relación entre el hombre y la madre tierra y nos imposibilita a alcanzar la soberanía alimentaria.

Es por todo esto que en la provincia de Santa Fe, junto a varias organizaciones y vecinos autoconvocados, venimos trabajando en conjunto, con la confianza de que “las cosas no son así, están así” y vamos a cambiarlas. El 4 de noviembre pasado estuvimos en la ciudad de Santa Fe, en una jornada de difusión contra el uso de agrotóxicos. Gracias a la “Carpa Verde” que se instaló frente a la Gobernación y a la difusión que se hizo en los medios, luego de dos pedidos de audiencia con el Gobernador Hermes Binner, conseguimos finalmente que éste nos recibiera. En esta reunión, así como en la que tuvimos luego con la Vicegobernadora y los jefes de distintos bloques de Senadores, les planteamos la problemática de las fumigaciones, que si bien no desconocen, parecen no tener en cuenta y les exigimos una respuesta. A su vez les entregamos tres petitorios que sumaban casi 16.000 firmas en total en los cuales se pedía básicamente que frenen las aspersiones con pesticidas. El año pasado en la comuna de San Jorge el Juez Tristán Martínez dictó un fallo ejemplar donde prohibía para esa comunidad cualquier tipo de fumigación a menos de 800 metros terrestres y 1.500 metros aéreos del ejido urbano. Nuestro pedido consistía en que se tenga en cuenta este precedente y se extendiera la medida a toda la provincia. Pero los intereses en juego son muy poderosos como para contemplar “la salud”. Y así nos encontramos al día de hoy, con una legislatura provincial que tiene a medio aprobar la reforma de la ley 11.273, que establece finalmente una línea agronómica para limitar las fumigaciones, en el caso del glifosato a 500 metros terrestres y 1.000 metros aéreos, pero que actualmente se está discutiendo en Senadores porque se quiere disminuir la cantidad de metros. Si bien esta ley nos parece insuficiente, es un resguardo para aquellos que sufren a diario las aspersiones tóxicas y exigimos que se apruebe de inmediato, considerando que ya comenzó la campaña de siembra y nos están envenenando en cantidad. Quedan sonando en nuestros oídos las palabras de la Vicegobernadora Tessio y el Senador Zabalza que se comprometieron a dar una respuesta inmediata a este problema.

Pero la lucha no se agota en la disputa legal. Apoyamos y acompañamos a quienes deciden parar el envenenamiento constante poniendo el cuerpo literalmente, ya sea frenando los mosquitos cuando están por salir a fumigar, soportando la judicialización de la defensa de la vida teniendo que cargar con causas penales, ya sea iniciando una huelga de hambre para que el Defensor de Pueblo de la Nación atienda el pedido de cambio de clasificación de los agroquímicos, para impedir que nos rocíen con venenos etiquetados como “inocuos”. Y estamos convencidos que hay que sumar fuerzas, unirnos con las comunidades de otras provincias que padecen los mismos males que Santa Fe, porque lamentablemente nos somos los únicos… Pero felizmente no estamos solos. Hay pueblos enteros que están dando una admirable lucha contra este modelo de saqueo y contaminación y defendiendo la vida y la soberanía alimentaria. Y hacia ese horizonte seguiremos caminando.

¡¡Arriba las y los que luchan!!



Plan IIRSA: la integración del modelo extractivo-contaminante


La implantación del neoliberalismo desde hace varias décadas repercutió enormemente en las dinámicas del intercambio mundial, perjudicando más profundamente a los pueblos más pobres del planeta. En América Latina, implacablemente impuesto bajo el ala de sangrientas dictaduras, el modelo neoliberal trajo aparejados dramáticos cambios en las políticas económicas de nuestros países, sumiéndolos aún más en una grosera dependencia de los poderes económicos globales y poniendo a sus pueblos en una situación alarmante, caracterizada por la desocupación, la exclusión, el hambre y la miseria más abyectas. Asimismo, el histórico saqueo insaciable de nuestros bienes comunes adquirió un nuevo impulso, devastando las fuentes de vida de nuestros territorios a través de mega-proyectos mineros a cielo abierto y diversos monocultivos extensivos.

En este marco, los poderes económicos y políticos confluyen en la necesidad de facilitar la extracción de “recursos” para las empresas transnacionales y los agentes económicos globales. La necesidad de una “integración física” del continente responde a los imperativos del mercado mundial, que requiere, además de las tan preciadas “materias primas”, unos costos mínimos que garanticen la tan mentada “competitividad”. Por lo tanto, una infraestructura integrada para la rápida circulación de los “recursos naturales y humanos” deviene una estrategia fundamental para los negocios (y negociados) de los pocos beneficiarios de este modelo extractivo.

Un mega proyecto a espaldas del pueblo

Tal proyecto ya es una realidad. El Plan IIRSA (Iniciativa para la Integración de Infraestructura de la Región Sudamericana) es el acuerdo que en 2000, en una cumbre de presidentes en Brasil (auspiciada por el entonces presidente F. H. Cardoso), se firmó con el fin de llevar a cabo la tan “necesaria” integración. Ésta comprende a sectores tan estratégicos como el transporte (terrestre, aéreo y fluvial, así como puertos e hidrovías), la energía (oleoductos y gasoductos) y las telecomunicaciones (tendidos eléctricos y de fibra óptica). Incluye, a su vez, una cartera de 510 proyectos por un monto estimado en casi 75000 millones de dólares a fines de 2009. Un monto astronómico, que seguramente será financiado con una abultada deuda externa para nuestros países. Por si quedara alguna duda en esto, nótese el impulso y el respaldo al IIRSA por parte de organismos financieros internacionales como la Corporación Andina de Fomento (CAF), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenca del Plata (FONPLATA).

Así como el ALCA y los TLC buscaban homogeneizar las estructuras jurídicas y los acuerdos comerciales de Latinoamérica, propiciando la subordinación de sus Estados y la desregulación en los mercados, el IIRSA representa su complemento, la otra cara de la moneda en cuanto a la infraestructura. La diferencia radica en que el Plan IIRSA se está llevando adelante a espaldas de la opinión pública en general. La cartera de proyectos se viene implementando silenciosamente, de forma fragmentada, como “proyectos de obra pública” aparentemente aislados, para luego ser integrados y empalmados. De esta manera, se ocultan las implicancias más globales del IIRSA, desconectando sus eslabones con el fin de minimizar un cuestionamiento más general de la estrategia por parte de las sociedades afectadas.

El impacto destructivo que estos emprendimientos conllevan vuelve a caer, una vez más, sobre los sectores más vulnerables y empobrecidos de nuestro continente, entre ellos, los pueblos indígenas y campesinos que viven en territorios ricos en agua, minerales y biodiversidad. Autopistas, hidrovías y gasoductos, entre otros, traen consecuencias devastadoras, por ejemplo, para los pueblos que viven en la selva amazónica, para los pescadores sobre las costas del río, o para las poblaciones de las altas montañas.

El IIRSA en Argentina y en Rosario

La Argentina es uno de los actores más enérgicos en la ejecución de la iniciativa IIRSA. Su territorio es atravesado por el 50 por ciento de los 10 ejes de integración que a ésta conforman, y el 20 por ciento de los proyectos tienen como una de sus contrapartes al Estado argentino. Entre estos últimos, algunos de los más importantes son el Gasoducto del Noreste Argentino (en torno al cual giró el escándalo de corrupción del “Caso Skanska”), las plantas hidroeléctricas Garabí y Corpus Christi, la remodelación de la ruta nacional 14 y la hidrovía Paraná-Paraguay.

Esta hidrovía representa uno de los pilares más importantes del plan de saqueo, ya que sobre sus aguas y desde sus puertos parten diariamente toneladas de soja y minerales en bruto con destino a las economías centrales. En el marco del IIRSA, se busca redimensionar la flota de navegación y mejorar la infraestructura portuaria, con el fin de abaratar los costos al máximo posible. Asimismo, se prevé optimizar la navegabilidad del río a través del dragado permanente, el ensanchamiento y “enderezamiento” de sus cauces e incluso el dinamitado de los afloramientos rocosos que impedirían el pasaje durante la estación seca. Esto acarreará fuertes impactos socioambientales, como crecientes más rápidas y grandes, aumentando el riesgo de inundaciones y desalojos para las poblaciones aguas abajo, así como sequías más prolongadas e intensas.

En nuestra región, el IIRSA también ha hecho pie. Desde el ya proyectado puente Santa Fe-Paraná, que busca principalmente agilizar la circulación de camiones repletos de carga, hasta las recientes exposiciones de la Municipalidad de Rosario en la Expo de Shanghai, donde se hizo gala de las dinámicas productivas relacionadas con el río y de las políticas apuntadasal mejoramiento de los puertos y del eje productivo agro-industrial, el Plan IIRSA está, valga la redundancia, en los planes de los gobiernos provincial de Santa Fe y municipal de Rosario.



Ciudad de Rosario. Santa Fe. 10 de noviembre de 2010

semillasderebelion@hotmail.com

www.semillasderebelion.blogspot.com

16 oct 2010

Intervención político cultural a orillas del Paraná en el día mundial de la soberanía alimentaria



Sábado 16 de octubre, desde las 15 hasta las 19 horas, en Sargento Cabral y el río.

(entre el cec y el río, límite norte del galpón 11).

Habrá músicos en vivo, bailarines, pintores, feria y demás!!!!

Será una instancia de denuncia al plan IIRSA (Iniciativa para la Insfraestructura Regional de Sur Americana) en la región, visibilizado permanentemente con los barcos transatlánticos que desfilan por el vecino correntoso río marrón.

Será un encuentro para compartir.

Los esperamos!



BASTA DE SAQUEO Y CONTAMINACIÓN.

POR LA SOBERANÍA ALIMENTARIA.

DEFENDAMOS NUESTROS BIENES COMUNES.



Convocan: Frente Popular Darío Santillán y Socialismo Libertario en la COMPA, Semillas de Rebelión, Foro por la Soberanía Alimentaria, Conciencia Solidaria, Foro Ambiental Ciudadano.

Adhieren: Arte por Libertad en la Secretaría de Cultura de la CTA, Editorial Último Recurso, Quetral - Al Origen (palabras en trancisión), Agroecop, NADIES, Mercado Solidario.